Era una tarde gris y plomiza en el Monumental de un 13-05-90 y se jugaba la antepenúltima fecha del campeonato y un River que ya se había asegurado el primer lugar en la fecha anterior en el 1 a 1 versus los rojos en Avellaneda , quería festejar se campeonato de local . Con 2 goles del Mencho Medina Bello ,uno espectacular con varios jugadores por el piso y el arquero dejado en el camino nos daban un nuevo torneo ya que Rosario Central ..el único que nos podía igualar perdía contra Mandiyú de local .
La intención de este blog es homenajear, recordar a esos grandes jugadores ,eventos destacados, los buenos y no tan buenos momentos que nos hicieron vivir con la camiseta de la banda roja .
miércoles, 24 de febrero de 2010
martes, 23 de febrero de 2010
Que hermanos jugaron en el mismo partido uno con la Camiseta de River y otro de la Bosta ?
Volviendo a las trivias y tratando de hacerlas un poco más difíciles les pregunto por si saben que hermanos de sangre jugaron en el mismo partido oficial de campeonato , uno con la camiseta Millonaria y otra con la de la Bosta . Un sólo dato para ayudarlos ..fue en el Monumental .
Ese partido lo jugaron los hermanos Oscar Mas por River autor de un gol ( ganó 2 a 0 ) y por la Bosta Luis Mas .
Ese partido lo jugaron los hermanos Oscar Mas por River autor de un gol ( ganó 2 a 0 ) y por la Bosta Luis Mas .
lunes, 22 de febrero de 2010
Jose Pepe Albornoz
Este cordobés llegado en 1993 junto con su coterráneo Carlos Bustos provenientes del Deportivo Español , de exquista zurda jugaba como volante por la izquierda , un clásico enganche pero sin emoción y sin corazón , Bustos era marcador central . El Pepe jugú muy poco ..porque arriba suyo había grandes jugadores de la talla de Marcelo Gallardo , Ortega , Berti y luego El Enzo .
En Partidos oficiales ha jugado sólo 6 partidos entre el 93-94.
Otro de los tantos que tuvieron la oportunidad de ponerse la gran camiseta millonaria y no estuvieron a la altura ..
miércoles, 17 de febrero de 2010
Ricardo Gareca y Oscar Ruggeri
Un 17 de Febrero de 1985 debutaban en el primer equipo de River en el Campeonato Nacional estos 2 jugadores provenientes de nuestro archirival . Los dimes y diretes de la difícil transacción no vienen el caso ...sólo mencionar que costaron buena plata + los pases de Tapia y Olaticoechea.
Del paso de ambos uno puede recordar que Gareca estuvo muy poco sólo 5 meses ..y que poco aportó para que el equipo pudiera contar con un goleador de raza .. yo en lo personal sólo recuerdo los 2 goles a Estudiantes en cancha de Independiente en el repechaje del campeonato Nacional que después nos gana Vélez en rueda de perdedores .
Fueron traspasos directos y de jugadores titulares de un equipo a otro y son muy pocos los casos que se dieron en esas condiciones . Mucho tiempo después Cedrés se vestiría de manera mugrienta luego de haber ganado todo con la banda Roja .
Del paso de ambos uno puede recordar que Gareca estuvo muy poco sólo 5 meses ..y que poco aportó para que el equipo pudiera contar con un goleador de raza .. yo en lo personal sólo recuerdo los 2 goles a Estudiantes en cancha de Independiente en el repechaje del campeonato Nacional que después nos gana Vélez en rueda de perdedores .
Muy poco lo del flaco hasta su partida al América de Cali ...12 partidos jugados y 4 goles ( 2 en el mencionado ante Estudiantes ) en cambio el cabezón jugó 94 partidos con 4 goles también pero ganó todo ...campeonato ..Copa ..intercontinental e interamericana aparte del ser campeón del mundo con Argentina . El mejor recuerdo para este último que junto con Nelson Gutierrez conformaron un dupla defensiva ...ganadora e impasable .
Gracias Cabezón diste todo en River y hasta te diste el gusto de marcarles un gol a los bosteros en la mismísima bostanera , que tuve el enorme gusto de ver personalmente y gritarlo .
lunes, 15 de febrero de 2010
Hubo una vez " El Bichi Claudio Borghi jugó en River "
Corría mediados del año 1988 y el River de Menotti se reforzaba con jugosas y pretensiosas estrellas : Volvía Passarella , llegaban Batista , Zamora , Balbo , La vieja Reinoso , Basualdo , Melgar , Higuían (p) y el retorno a la Argentina de una estrella fugaz ...el Bichi Borghi , ganador en México de la copa del Mundo del 86 . Era su oportunidad de mostrar en el equipo más grande la la argentina de todo lo que era capaz de generar , aparte de sus chiches y firuletes . Nada de eso pasó ...como tampoco con ninguno de los otros ..salvo honrosas excepciones muy puntulaes .
En respuesta a Pablo ..el partido con el Verona de Caniggia y Troglio se hizo como parte del pago de esos 2 jugadores traspasados y fue en la pretemporada del equipo en Agosto del 88.
Jugó 21 partidos oficiales ..sin marcar goles ..acá el Gráfico lo mostraba como un crack .-

Transcribo una nota publicada por Tomás Abraham en el diario Página 12 que reflejaba lo que pasaba con ese equipo en la revancha con Platense en la segunda ronda ya en el año 1989.
EL BACHE METAFÍSICO He vuelto a la cancha, meses después de haber visto el primer partido entre River y Platense que inauguró el campeonato oficial. El 27 de enero fue la revancha en el escenario del Monumental, ante poquísima gente. Siempre atento a los desarrollos técnicos y tácticos que Menotti implementa en sus equipos, me dispuse a apreciar la evolución de River en estos meses. En River jugaban todas las estrellas. Estaban Passarella, Batista, H. Enrique, Balbo, Palma, Borghi, un total aproximado de siete millones de dólares. De Platense recordaba a su diez, De Vicente, al puntero derecho y, fundamentalmente, al izquierdo. Los primeros quince minutos mostraron a un River que hacía efectivo lo mejor que vi a los equipos de Menotti. Velocidad, destape, ataque con cinco o seis jugadores, iniciativa a cargo de elementos cada vez diferentes, aprovechamiento de los espacios laterales, juego a las puntas y subida de los marcadores, finalización de las jugadas con dos o tres pases certeros y un remate al gol, en fin, parecía que Menotti podía conseguir nuevamente el fervor de los amantes del fútbol con un equipo imparable. Sin embargo, las cosas no sucedieron así. Transcurrido el primer cuarto de hora, River comenzó a pararse, y los de Platense que hasta ese momento no sabían cómo achicar los espacios y presionar sobre el vendaval riverplatense, encontraron la pequeña brújula perdida y respiraron algo aliviados. Platense no atacaba, más bien esperaba. River tenía la pelota, sus jugadores la pasaban entre ellos a una considerable velocidad hasta tres cuartos de cancha y terminaban entregándosela a un defensor adversario. River jugaba de un modo característico de ciertos equipos de Menotti. Pases para atrás o laterales para sacar al adversario de su guarida, aceleración paulatina en mitad de cancha, con el eterno desenlace de una pared mal realizada o un pase defectuoso. Sin quererlo me distraje, el partido estaba de un lado y yo en otro. Comenzaba a aburrirme. Tenía el privilegio de asistir a un lugar común del espectáculo futbolístico argentino. Los periodistas ya hace tiempo lo han bautizado con un apodo privilegiado: el bache. No se dice que Rivera estaba en un bache, no se está en un bache, se cae en él. River había caído en un bache. Desde hace décadas este tipo de accidente topográfico ataca tanto a nivel colectivo como individual. Un jugador cae en un bache cuando en un momento dado del partido se va de él. Claro que se va mentalmente. Digamos que se expulsa psíquicamente. Entra en un estado de zombie. Este fenómeno zombie indica un ascenso a la zona de los limbos, pero el bache se define siempre por el descenso, ya lo dije, una caída. Es necesario precisar algunas cuestiones para que pueda entenderse este concepto. Caer en un bache marca un acontecimiento. El acontecimiento es una noción filosófico-histórica que señala una discontinuidad. Para que una cosa se convierta en acontecimiento debe marcarse un relieve en una topografía homogénea. Más de un autor da la imagen de una altura en el llano, una cumbre o cima para metaforizar la idea de acontecimiento. En este caso la discontinuidad indica una inmersión, una brusca desaparición de un elemento que estaba sobre la superficie. Cuando se dice que un equipo no levanta cabeza se señala que su funcionamiento, entre otras cosas, no le faculta tener baches. De más está decir que aquello que jamás se levanta difícilmente pueda caer. Es así que únicamente los jugadores con talento y los equipos capacitados tienen baches. Los otros, apenas aspiran a salir del pozo. Rubén Sosa, Alonso, Rojitas, el padecimiento del bache ataca en un elevadísimo número de casos a los delanteros. Y de éstos, con mayor frecuencia, a los habilidosos, y en menor número a los goleadores. El número diez, el insider izquierdo, como se decía antes, el volante de creación, como se dice ahora, es el que más expuesto está a este tipo de patología. Construyamos con lentitud nuestro razonamiento. Decíamos que el “diez” es el más susceptible a los baches. El delantero habilidoso se va del partido, entra en una zona suprasensible, pasan los minutos, a veces largos y, de repente, de modo fulminante, vuelve, entra nuevamente en el partido, como dicen los cronistas: se enchufa, ¿y qué sucede?: ¡Se ilumina! En el mundo del fútbol los que caen son los que más se elevan. No nos resulta entonces extraña la dimensión mística que tienen estos volantes que por algo se llaman “de creación”. River, como todos los equipos conformados por Menotti, se compone de un plantel pletórico de volantes de creación. Menotti supone que con varios de estos elementos, la dimensión místico religiosa que lo atrae está asegurada. Tomemos el complejo caso Borghi. Juega como Marlon Brando. Es un rebelde. Pasea por toda la cancha, hace la Gran Borghi, que es como la Gran Willy, pero con los pies. Se queja por lo que le pasa a su alrededor, no sabe lo que le pasa a él mismo. Nos ofrece en su pristina transparencia el proceder del volante creativo en plena crisis de bache. Borghi tiene la pelota, un defensor le cierra el camino, parece imposible sortearlo, cualquier jugador haría lo esperable y recomendable, un paso atrás y entregarla a un compañero. Borghi hace jugar la pelota en sus dos pies, y digo “en” y no “con” sus dos pies, porque la bola se posa alternativamente en ambos botines mientras su cuerpo queda erguido y sus ojos miran al adversario a la altura del estómago. Es importante la mirada ya lo sabemos por Sartre, un escritor admirado por Menotti. Si los ojos de Borghi se fijaran en los del defensor, la operación se volvería riesgosa. La mirada del “otro” puede petrificarnos, atraer la nuestra por un efecto de fascinación y aprovechar el mínimo congelamiento que esta conducta conlleva, para arrancarnos la pelota. Borghi mira el veinte del otro, el otro le mira los pies o la pelota, y la escena siguiente expone una virtud que los aficionados saben reconocer en los grandes: aquel que hace maravillas en los espacios chicos. Cuando en un metro cuadrado un jugador es capaz de hacerla de goma, amasarla, esconderla, mostrarla, y metérsela por atrás, mientras el otro no puede más que seguir con las piernas abiertas, clavadas en el pasto, asistimos al mayor de los espectáculos del fútbol argentino: se llama gambeta, el firulete erótico que levanta la tribuna. La tribuna regocijada se vuelve a sentar y, Borghi, se desenchufa. Mientras el partido prosigue su ritmo normal, y pasan los minutos -el vaivén monótono de la pelota que va y vuelve de un campo a otro-, percibimos entre los hombres de ambas camisetas el flotar de un jugador que con el paso en extremo lento y las manos en la cintura observa el partido. Es Borghi, se ha quedado parado, cayó en un bache. Pero lo que caracteriza a este jugador, y lo ha demostrado una vez más en el partido del sábado, es el particular modo en que vuelve a enchufarse. Lo vemos trotar aún inmerso en su dimensión autista, acompañando a un jugador de Platense que traslada la pelota. Borghi se acerca y lo barre con un guadañazo entre la canilla y el tobillo. Sería apresurado y probablemente equivocado juzgar y condenar a Borghi por una actitud indolente. La indolencia es por lo general un fenómeno multivoco que sólo los puritanos califican de vagancia. Estimo que el bache de Borghi me hace pensar en el punto de ruptura en Hölderlin se llama límite. Esta fisura marca el instante en que obra y locura se cruzan aunque no se encuentran. Que River juegue con Hölderlin puede ser una broma de mal gusto, no se trata de eso. Pero es necesario entender el síntoma bache para que la iluminación deje de ser intermitente. Para pasar de lo alterno a lo continuo y del espasmo al flujo, hay que elaborar un exorcismo. Lo que no hay que olvidar es que esta operación no se realiza con parapsicólogos de ningún tipo. Todo lo contrario, aquellos que se atreven a nombrar las fuerzas ocultas, las vuelven contra nuestra. Es absolutamente recomendable tener el más fino tacto con los fenómenos de la esquizia. Pocos lo entienden, y hay muchos impostores. No considero desacertado que el hincha cuando vea aproximarse el momento del bache también se deje llevar por él. El tenue y lejano murmullo que lo deja anunciar llevará a las hinchadas por una especie de ausencia que en comunión con el bache del volante de creación, los comunicará en la dimensión del misterio. Perdió River. Borghi se fue expulsado, pero si el técnico sigue con su “fe” y los jugadores aún tienen chispas, siempre es posible ver un partido divino. Página 12, 5/2/89
Ese equipo terminó cuarto en el torneo y luego ganó la liguilla prelibertadores ya con Mostaza de DT. Un fiasco el pase de el Bichi Borghi por River .
En respuesta a Pablo ..el partido con el Verona de Caniggia y Troglio se hizo como parte del pago de esos 2 jugadores traspasados y fue en la pretemporada del equipo en Agosto del 88.
Jugó 21 partidos oficiales ..sin marcar goles ..acá el Gráfico lo mostraba como un crack .-

Transcribo una nota publicada por Tomás Abraham en el diario Página 12 que reflejaba lo que pasaba con ese equipo en la revancha con Platense en la segunda ronda ya en el año 1989.
EL BACHE METAFÍSICO He vuelto a la cancha, meses después de haber visto el primer partido entre River y Platense que inauguró el campeonato oficial. El 27 de enero fue la revancha en el escenario del Monumental, ante poquísima gente. Siempre atento a los desarrollos técnicos y tácticos que Menotti implementa en sus equipos, me dispuse a apreciar la evolución de River en estos meses. En River jugaban todas las estrellas. Estaban Passarella, Batista, H. Enrique, Balbo, Palma, Borghi, un total aproximado de siete millones de dólares. De Platense recordaba a su diez, De Vicente, al puntero derecho y, fundamentalmente, al izquierdo. Los primeros quince minutos mostraron a un River que hacía efectivo lo mejor que vi a los equipos de Menotti. Velocidad, destape, ataque con cinco o seis jugadores, iniciativa a cargo de elementos cada vez diferentes, aprovechamiento de los espacios laterales, juego a las puntas y subida de los marcadores, finalización de las jugadas con dos o tres pases certeros y un remate al gol, en fin, parecía que Menotti podía conseguir nuevamente el fervor de los amantes del fútbol con un equipo imparable. Sin embargo, las cosas no sucedieron así. Transcurrido el primer cuarto de hora, River comenzó a pararse, y los de Platense que hasta ese momento no sabían cómo achicar los espacios y presionar sobre el vendaval riverplatense, encontraron la pequeña brújula perdida y respiraron algo aliviados. Platense no atacaba, más bien esperaba. River tenía la pelota, sus jugadores la pasaban entre ellos a una considerable velocidad hasta tres cuartos de cancha y terminaban entregándosela a un defensor adversario. River jugaba de un modo característico de ciertos equipos de Menotti. Pases para atrás o laterales para sacar al adversario de su guarida, aceleración paulatina en mitad de cancha, con el eterno desenlace de una pared mal realizada o un pase defectuoso. Sin quererlo me distraje, el partido estaba de un lado y yo en otro. Comenzaba a aburrirme. Tenía el privilegio de asistir a un lugar común del espectáculo futbolístico argentino. Los periodistas ya hace tiempo lo han bautizado con un apodo privilegiado: el bache. No se dice que Rivera estaba en un bache, no se está en un bache, se cae en él. River había caído en un bache. Desde hace décadas este tipo de accidente topográfico ataca tanto a nivel colectivo como individual. Un jugador cae en un bache cuando en un momento dado del partido se va de él. Claro que se va mentalmente. Digamos que se expulsa psíquicamente. Entra en un estado de zombie. Este fenómeno zombie indica un ascenso a la zona de los limbos, pero el bache se define siempre por el descenso, ya lo dije, una caída. Es necesario precisar algunas cuestiones para que pueda entenderse este concepto. Caer en un bache marca un acontecimiento. El acontecimiento es una noción filosófico-histórica que señala una discontinuidad. Para que una cosa se convierta en acontecimiento debe marcarse un relieve en una topografía homogénea. Más de un autor da la imagen de una altura en el llano, una cumbre o cima para metaforizar la idea de acontecimiento. En este caso la discontinuidad indica una inmersión, una brusca desaparición de un elemento que estaba sobre la superficie. Cuando se dice que un equipo no levanta cabeza se señala que su funcionamiento, entre otras cosas, no le faculta tener baches. De más está decir que aquello que jamás se levanta difícilmente pueda caer. Es así que únicamente los jugadores con talento y los equipos capacitados tienen baches. Los otros, apenas aspiran a salir del pozo. Rubén Sosa, Alonso, Rojitas, el padecimiento del bache ataca en un elevadísimo número de casos a los delanteros. Y de éstos, con mayor frecuencia, a los habilidosos, y en menor número a los goleadores. El número diez, el insider izquierdo, como se decía antes, el volante de creación, como se dice ahora, es el que más expuesto está a este tipo de patología. Construyamos con lentitud nuestro razonamiento. Decíamos que el “diez” es el más susceptible a los baches. El delantero habilidoso se va del partido, entra en una zona suprasensible, pasan los minutos, a veces largos y, de repente, de modo fulminante, vuelve, entra nuevamente en el partido, como dicen los cronistas: se enchufa, ¿y qué sucede?: ¡Se ilumina! En el mundo del fútbol los que caen son los que más se elevan. No nos resulta entonces extraña la dimensión mística que tienen estos volantes que por algo se llaman “de creación”. River, como todos los equipos conformados por Menotti, se compone de un plantel pletórico de volantes de creación. Menotti supone que con varios de estos elementos, la dimensión místico religiosa que lo atrae está asegurada. Tomemos el complejo caso Borghi. Juega como Marlon Brando. Es un rebelde. Pasea por toda la cancha, hace la Gran Borghi, que es como la Gran Willy, pero con los pies. Se queja por lo que le pasa a su alrededor, no sabe lo que le pasa a él mismo. Nos ofrece en su pristina transparencia el proceder del volante creativo en plena crisis de bache. Borghi tiene la pelota, un defensor le cierra el camino, parece imposible sortearlo, cualquier jugador haría lo esperable y recomendable, un paso atrás y entregarla a un compañero. Borghi hace jugar la pelota en sus dos pies, y digo “en” y no “con” sus dos pies, porque la bola se posa alternativamente en ambos botines mientras su cuerpo queda erguido y sus ojos miran al adversario a la altura del estómago. Es importante la mirada ya lo sabemos por Sartre, un escritor admirado por Menotti. Si los ojos de Borghi se fijaran en los del defensor, la operación se volvería riesgosa. La mirada del “otro” puede petrificarnos, atraer la nuestra por un efecto de fascinación y aprovechar el mínimo congelamiento que esta conducta conlleva, para arrancarnos la pelota. Borghi mira el veinte del otro, el otro le mira los pies o la pelota, y la escena siguiente expone una virtud que los aficionados saben reconocer en los grandes: aquel que hace maravillas en los espacios chicos. Cuando en un metro cuadrado un jugador es capaz de hacerla de goma, amasarla, esconderla, mostrarla, y metérsela por atrás, mientras el otro no puede más que seguir con las piernas abiertas, clavadas en el pasto, asistimos al mayor de los espectáculos del fútbol argentino: se llama gambeta, el firulete erótico que levanta la tribuna. La tribuna regocijada se vuelve a sentar y, Borghi, se desenchufa. Mientras el partido prosigue su ritmo normal, y pasan los minutos -el vaivén monótono de la pelota que va y vuelve de un campo a otro-, percibimos entre los hombres de ambas camisetas el flotar de un jugador que con el paso en extremo lento y las manos en la cintura observa el partido. Es Borghi, se ha quedado parado, cayó en un bache. Pero lo que caracteriza a este jugador, y lo ha demostrado una vez más en el partido del sábado, es el particular modo en que vuelve a enchufarse. Lo vemos trotar aún inmerso en su dimensión autista, acompañando a un jugador de Platense que traslada la pelota. Borghi se acerca y lo barre con un guadañazo entre la canilla y el tobillo. Sería apresurado y probablemente equivocado juzgar y condenar a Borghi por una actitud indolente. La indolencia es por lo general un fenómeno multivoco que sólo los puritanos califican de vagancia. Estimo que el bache de Borghi me hace pensar en el punto de ruptura en Hölderlin se llama límite. Esta fisura marca el instante en que obra y locura se cruzan aunque no se encuentran. Que River juegue con Hölderlin puede ser una broma de mal gusto, no se trata de eso. Pero es necesario entender el síntoma bache para que la iluminación deje de ser intermitente. Para pasar de lo alterno a lo continuo y del espasmo al flujo, hay que elaborar un exorcismo. Lo que no hay que olvidar es que esta operación no se realiza con parapsicólogos de ningún tipo. Todo lo contrario, aquellos que se atreven a nombrar las fuerzas ocultas, las vuelven contra nuestra. Es absolutamente recomendable tener el más fino tacto con los fenómenos de la esquizia. Pocos lo entienden, y hay muchos impostores. No considero desacertado que el hincha cuando vea aproximarse el momento del bache también se deje llevar por él. El tenue y lejano murmullo que lo deja anunciar llevará a las hinchadas por una especie de ausencia que en comunión con el bache del volante de creación, los comunicará en la dimensión del misterio. Perdió River. Borghi se fue expulsado, pero si el técnico sigue con su “fe” y los jugadores aún tienen chispas, siempre es posible ver un partido divino. Página 12, 5/2/89
Ese equipo terminó cuarto en el torneo y luego ganó la liguilla prelibertadores ya con Mostaza de DT. Un fiasco el pase de el Bichi Borghi por River .
viernes, 12 de febrero de 2010
En la punta del campeonato 89
No todos guardamos con buenos recuerdos el equipo de Merlo del 89 , era un equipo amarrete y pese a contar con jugadores de buen pie , elejía siempre un estilo conservador y poco tradicional de la estirpe riverplatense . En la foto vemos a Fabio Talarico , zurdo y autor del gol del triunfo frente a Vélez en la fecha 14 que nos dejaba en la punta que luego perderíamos con seguidillas de empates y perdiendo frente a Estudiantes y a Unión .
El que lo abraza es Gabriel Batistuta que sólo jugó algunos partidos pero que se dió el lujo de ponerse la camiseta más grande de Argentina ...al igual que Talarico ...aunque luego ambos se pusieran la más fiera y asquerosa ...pero quien le quita lo bailado .
jueves, 11 de febrero de 2010
Enzo Francescoli
Mi post 101 y posterior al del Beto no podría ser para otro que no sea el flaco Enzo " El Príncipe " este uruguayo escorpiano nacido 9 días después que yo , se metió en el corazón riverplatense no sólo por su gran jerarquía como jugador sino por ser un tipo simple y humilde .
No necesitó ser mediatico y llenarse la boca hablando todos los días para ganarse un lugar entre los más grandes ídolos del club . Con sus goles y genialidades y por su eterno agradecimiento al club , los hinchas riverplatenses lo vamos a recordar siempre .
Llegó con un bolsito bajo el brazo con 21 años y muchas dudas de irse lejos de su familia y de su Uruguay natal , pero sabía que cruzar el charco era la única oportunidad de seguir deomostrando su inagotable habilidad ..y no pudo elegir mejor vidriera que la de River .
Llegó en un muy mal momento el 83 , el de los fantasmas del descenso , el de un equipo diezmado por todas las glorias pasadas que se habían ido y con éxitos deportivos que ya muchos hinchas estaban empezando a olvidar . No había en ese momento grandes jugadores que lo pudieran acompañar sólo la llegada del Negro Héctor Enrique hacía presagiar una buena dupla .

Aquí en la goleada 6 a 0 a Atlético Concepción del Uruguay en el Nacional del 84.

Le tocó luego bancarse la huelga de los profesionales reclamando más plata y que lo pongan a jugar de 8 en la cancha ( El Dt Cubilla ) , lugar impensado para hacer sus primeras armas en River .
Aquí en la semisfinales que le ganamos a San Lorenzo previa a la final perdida ante FCO en el Nacional del 84.

Hasta que la llegada de Bambino en el 84 le abrió las puertas para jugar de media punta lugar en el que se destacó y se cansó de hacer goles . Fue artífice del campeonato logrado en el 85-86 siendo goleador del torneo ....se nos fué a Europa y tuvimos que esperar 8 años para su vuelta .
Junto al cabezón Jorge Villazán compartiendo el gran equipo del Bambino

Aquí con Claudio Morresi con el que conformaba una dupla genial a un sólo toque se entendían .

Aquí festejando unos de sus goles en el 5 a 4 a Argentinos Jrs. en el verano del 86 presagiando el campeonato que íbamos a lograr de la mano del Bambino .

Marcando su gol de penal en el partido consagratorio frente a Vélez 3 a 0 , el Mono Navarro Montoya se tira para el otro lado . ( estuve ese día de gloria en la cancha ) .
Esa tarde formaba el equipo con
Nery Pumpido; Jorge Gordillo, Nelson Gutiérrez, Oscar Ruggeri, Alejandro Montenegro; Héctor Enrique, Rubén Gallego, Roque Alfaro (Néstor Gorosito), Claudio Morresi; Luis Amuchástegui (Norberto Alonso), Enzo Francescoli. Coach: Héctor R. Veira.

En andas en los festejos del campeonato del 86

Volvió en el 94 para ser campeón nuevamente con el equipo de Ramón cosa que repitió en el 96 y el 97 y con la gran alegría de ser campeón de la Libertadores del 96
Aquí levantando la copa

Y la Supercopa Sudamericana del 97.
Junto con otro grande el chiiiiiiileno Marcelo Salas

Su única frustración con la camiseta millonaria es haber perdido la final del la copa del Mundo frente a la Juve en Japón a fines del 96 , una perlita negra entre cientos de alegrías que el Príncipe nos dió . En la actualidad sigue siendo un referente para todos los hinchas y sigue teniendo en sus venas el gen riverplantese ...Jugó en 226 partidos oficiales entre campeonatos y copa y marcó 137 goles ingresando entre los 10 más goleadores de la historia del club .
ENZO GRACIAS POR TODO .
No necesitó ser mediatico y llenarse la boca hablando todos los días para ganarse un lugar entre los más grandes ídolos del club . Con sus goles y genialidades y por su eterno agradecimiento al club , los hinchas riverplatenses lo vamos a recordar siempre .
Llegó con un bolsito bajo el brazo con 21 años y muchas dudas de irse lejos de su familia y de su Uruguay natal , pero sabía que cruzar el charco era la única oportunidad de seguir deomostrando su inagotable habilidad ..y no pudo elegir mejor vidriera que la de River .
Llegó en un muy mal momento el 83 , el de los fantasmas del descenso , el de un equipo diezmado por todas las glorias pasadas que se habían ido y con éxitos deportivos que ya muchos hinchas estaban empezando a olvidar . No había en ese momento grandes jugadores que lo pudieran acompañar sólo la llegada del Negro Héctor Enrique hacía presagiar una buena dupla .

Aquí en la goleada 6 a 0 a Atlético Concepción del Uruguay en el Nacional del 84.

Le tocó luego bancarse la huelga de los profesionales reclamando más plata y que lo pongan a jugar de 8 en la cancha ( El Dt Cubilla ) , lugar impensado para hacer sus primeras armas en River .
Aquí en la semisfinales que le ganamos a San Lorenzo previa a la final perdida ante FCO en el Nacional del 84.

Hasta que la llegada de Bambino en el 84 le abrió las puertas para jugar de media punta lugar en el que se destacó y se cansó de hacer goles . Fue artífice del campeonato logrado en el 85-86 siendo goleador del torneo ....se nos fué a Europa y tuvimos que esperar 8 años para su vuelta .
Junto al cabezón Jorge Villazán compartiendo el gran equipo del Bambino

Aquí con Claudio Morresi con el que conformaba una dupla genial a un sólo toque se entendían .

Aquí festejando unos de sus goles en el 5 a 4 a Argentinos Jrs. en el verano del 86 presagiando el campeonato que íbamos a lograr de la mano del Bambino .

Marcando su gol de penal en el partido consagratorio frente a Vélez 3 a 0 , el Mono Navarro Montoya se tira para el otro lado . ( estuve ese día de gloria en la cancha ) .
Esa tarde formaba el equipo con
Nery Pumpido; Jorge Gordillo, Nelson Gutiérrez, Oscar Ruggeri, Alejandro Montenegro; Héctor Enrique, Rubén Gallego, Roque Alfaro (Néstor Gorosito), Claudio Morresi; Luis Amuchástegui (Norberto Alonso), Enzo Francescoli. Coach: Héctor R. Veira.

En andas en los festejos del campeonato del 86

Volvió en el 94 para ser campeón nuevamente con el equipo de Ramón cosa que repitió en el 96 y el 97 y con la gran alegría de ser campeón de la Libertadores del 96
Aquí levantando la copa

Y la Supercopa Sudamericana del 97.
Junto con otro grande el chiiiiiiileno Marcelo Salas

Su única frustración con la camiseta millonaria es haber perdido la final del la copa del Mundo frente a la Juve en Japón a fines del 96 , una perlita negra entre cientos de alegrías que el Príncipe nos dió . En la actualidad sigue siendo un referente para todos los hinchas y sigue teniendo en sus venas el gen riverplantese ...Jugó en 226 partidos oficiales entre campeonatos y copa y marcó 137 goles ingresando entre los 10 más goleadores de la historia del club .
ENZO GRACIAS POR TODO .
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